Comer fuera de casa es un acto social que, en la mayoría de los casos, se asocia a la felicidad. Comemos fuera más de lo que creemos: menús de medio día, desayunos en el trabajo, cenas de fin de semana, cumpleaños, vacaciones, bodas, bautizos, comuniones, días de cine o de teatro, etc… Y debe seguir siendo así. Tan sólo siguiendo algunos de estos trucos, conseguirás mantener el equilibrio.

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No salir de casa con el estómago vacío. Recuerda que vivimos en un entorno donde el estrés y la alimentación de poca calidad nutricional nos sobrepasan. Comer fuera de casa sin haber probado nada durante muchas horas, genera el caldo de cultivo perfecto para que nuestro auto justificador haga aparición y demos rienda suelta al ‘impulso’ que llevamos dentro. Ya sabes que salir a comprar con hambre no es buena opción; pues salir a comer con hambre, aunque te parezca contradictorio, tampoco.

 

 

Ser exigentes con el tapeo. El tapeo es una maravilla de nuestra cultura, sin embargo, piensa: ¿por qué las tapas gratuitas son siempre tan desequilibradas? por qué están tan cargadas de patata, fritura o pan? Un gesto tan sencillo como preguntar: – “Camarero, ¿tiene alguna otra opción de tapa?”, puede abrirte unas posibilidades maravillosas. Quizás el camarero tiene preparado un salpicón de marisco debajo de la barra esperando a salir, y no lo saca porque cree que la gente prefiere las patatas bravas.

 

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No te dejes engañar por los ‘bufet’ ni los ‘all you can eat’. Recuerda que somos herederos genéticos de miles de años de evolución de personas que, en un segundo, eran capaces de encontrar el alimento más calórico. Y, además, somos herederos culturales de una generación que pasó hambre en la postguerra. Junta en la mesa un “All you can eat” y el “En el plato no se deja nada” y tienes una epidemia de obesidad como la que padecemos.

 

 

Atención a las bebidas. Las bebidas azucaradas son un auténtico problema metabólico si se consumen como sustituto al agua. Prueba a pedir agua con limón o agua con hierbabuena y evitarás gran cantidad de azucares que lo único que harán será darte un placer momentáneo, y que pueden convertirse en enfermedad si se utilizan inadecuadamente. Si tomas café o té después de comer, juega a quitar poco a poco los azúcares, si quitas cada semana una pizca de azúcar, en un par de meses le habrás ahorrado a tu cuerpo mucho azúcar innecesario.

 

 

El peligroso pan antes del menú. Todo restaurante, en su afán de hacer una espera más agradecida a la hora de comer un menú de medio día, lo primero que llevan a la mesa es el pan. Tener el pan delante mientras esperas a que llegue la comida y no comértelo es un acto de autocontrol que pocas personas pueden hacer. Y si está caliente y huele a pan recién horneado… inténtalo si puedes. Uno de los mejores consejos es decir: “Por favor, ¿puede traer el pan cuando traiga la comida y no antes?”. Simplemente comerás menos.

 

 

Ser consciente de los excedentes de comida. Y un último consejo relativo a bodas, comuniones, bautizos e incluso barbacoas: no comas sin medida antes de llegar al plato principal. ¿Cuánto pescado o solomillo de calidad se tira en las bodas porque llegas a ese plato repleto de frutos secos salados y de entrantes súper calóricos? ¿Cuántas veces llegas a la hora de tomar la carne de las barbacoas lleno de bebidas azucaradas y patatas fritas? Invierte los términos y verás cómo cambia todo.